domingo, 4 de octubre de 2009

MI LIBRO DEL MES DE... OCTUBRE

TÍTULO: El cielo es azul, la tierra blanca (Sensei no Kaban, El maletín del maestro)
AUTORA: Hiromi Kawakami
EDITORIAL: Acantilado (2009)
EL ARGUMENTO EN POCAS LÍNEAS...
La protagonista de esta novela, Tsukiko Omachi, es una mujer de cuarenta años, lúcida, independiente, divertida y tierna, que tras el trabajo suele acudir a la izakaya (taberna) regentada por Satoru. Una noche lluviosa se reencuentra allí con su antiguo profesor de japonés, Harutsuna Matsumoto, que ronda los setenta y al que su mujer abandonó hace años. A partir de ese momento surge entre ellos una relación difícil de “clasificar” que no termina de encajar con el significado occidental de “amistad”. Apenas hablan de sí mismos y sus encuentros nunca son planificados sino que se producen de forma tácita y natural en la taberna de Satoru. Sin embargo, entre ellos existe una proximidad y un vínculo no expresado con palabras, que con lentitud extrema, reiteraciones, acercamientos y desencuentros irá transformando a los dos protagonistas para terminar convirtiéndose en un amor capaz de superar las barreras de la edad.




EL LIBRO COMIENZA ASÍ...

“(...) Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba “maestro”. Ni “profesor”, ni “señor”. Simplemente, maestro. Me había dado clase de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto a verlo desde que me gradué.
Empezamos a tratarnos a menudo cuando coincidimos, hace unos cuantos años, en una taberna frente a la estación. El maestro estaba sentado en la barra, tieso como un palo.
-Atún con soja fermentada, raíz de loto salteada y chalota salada- pedí, y me senté en la barra. Casi al unísono, el viejo estirado que estaba a mi lado dijo:
-Chalota salada, raíz de loto salteada y atún con soja fermentada.
Al darme cuenta de que teníamos los mismos gustos, me volví y él también me miró. Mientras intentaba recordar dónde había visto aquella cara, empezó a hablarme.
-Eres Tsukiko Omachi, ¿verdad?
Cuando asentí, sorprendida, siguió hablando.
-No es la primera vez que te veo por aquí.
-Ya- repuse, y lo observé con más atención. Llevaba el pelo blanco cuidadosamente peinado, y vestía una camisa de corte clásico y un chaleco gris. Frente a él había una botella de sake, un plato con un pedacito de ballena y un tazón donde sólo quedaban restos de algas. Mi asombro fue mayúsculo al comprobar que al viejo y a mí nos gustaban los mismos aperitivos. Entonces fue cuando lo recordé en el instituto, de pie en la tarima del aula. Siempre llevaba el borrador en una mano y la tiza en la otra. Escribía en la pizarra citas clásicas como: “Nace la primavera, el rocío del alba”, y las borraba cuando apenas habían pasado cinco minutos. Ni siquiera soltaba el borrador al volverse para dar alguna explicación a los alumnos. Era como un apéndice de la palma de su mano izquierda.
-Las mujeres no suelen frecuentar solas lugares como éste- comentó, mientras mojaba el último pedacito de ballena en vinagreta de soja y se lo llevaba a la boca con los palillos.
-Ya- murmuré.
Vertí un poco de cerveza en mi vaso. Yo sabía que él había sido profesor mío en el instituto, pero no recordaba su nombre. En cambio, él era capaz de acordarse del nombre de una simple alumna, hecho que me maravillaba y desconcertaba a partes iguales. Apuré la cerveza de un trago (...)”.


ALGUNAS CRÍTICAS SOBRE EL LIBRO...
“(...) De la misma manera en que suceden las cosas en la vida, sin apenas percibirse, sin llamar la atención, dando cortos pasos que van modelando el presente sin un cambio apreciable, así crece la inmensa historia de amor narrada en El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami, en la que Tsusiko, una mujer de mediana edad con una vida monótona y sin alicientes, nos narra la historia del amor de su vida.
Todo sucede sin aviso previo, un encuentro casual con un antiguo maestro, hoy apartado de la docencia, viejo, viudo y con una extraña personalidad, marcará un antes y un después en la vida de esta mujer solitaria. Allí, en la taberna de Sotoru, a la que acuden habitualmente los dos, se encuentran ella y el maestro, como le llama siempre Tsusiko, sin cita previa, por casualidad, pudiendo pasar semanas enteras sin que se produzca ningún encuentro, charlando de cosas intrascendentes, comiendo tofu y bebiendo sake hasta altas horas de la noche mientras disfrutan de su calor mutuo, de sus gustos similares, de sus encuentros y desencuentros dialécticos.
Pasa el tiempo y no pasa nada, a veces se encuentran, otras no, a veces se enfadan y no se hablan ni estando codo con codo en la barra de la taberna, otras pasan juntos horas y horas, bebiendo y comiendo, construyendo una intimidad propia e intransferible que les hace sentir cómodos el uno con el otro. Y sin ningún cambio perceptible en su forma de actuar un día Tsusiko se da cuenta de que se ha enamorado del maestro, de que echa en falta sus agudas contestaciones, de que anhela el calor de su cuerpo a su lado, de que extraña la inmensa tranquilidad que siente en su compañía y, por fin, se atreve a confesarse su amor a ella misma y al maestro.
Una maravillosa narración donde los pequeños momentos cobran su verdadera importancia, donde se ensalza la compañía mutua, la comida exquisita, la bebida de calidad y, por encima de todo, la no existencia de fronteras cuando el amor y la felicidad de las cosas pequeñas, de los gestos, las miradas y las palabras, inunda la vida (...).


- El Blog de Metrópolis


“(...) El cielo es azul, la tierra blanca es una novela, contada en primera persona, en la que el tiempo es relativo y transcurre en el interior de la protagonista. Las estaciones del año también se suceden por orden: a partir de otoño, que empieza con el capítulo «Cogiendo setas», pasando por «Año nuevo», «Cerezos en flor», «La estación lluviosa» y el viaje a la isla de principios de verano, hasta llegar de nuevo al otoño, con «Los grillos» y «En el parque». Pero en los capítulos «Cogiendo setas», «Año nuevo» y «En la isla» el tiempo retrocede, se mezcla y se superpone con otros momentos temporales. Además, la historia no se desarrolla en una fecha concreta. El amor entre Tsukiko y el Maestro puede haber surgido en cualquier época, por eso no importa el momento (...)”.


- AnteQultura Revista Cultural Contemporánea


SOBRE LA AUTORA...
Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) es una de las escritoras más populares de Japón. Estudió Ciencias naturales en la Universidad de Ochanomizu y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela Kamisama. Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas. En 1996 obtuvo el Premio Akutagawa por Tread on a Snake. En 2000 obtuvo el Premio Ito Sei y el Woman Writer's por Oboreru. En 2001 ganó el prestigioso Premio Tanizaki por la novela El cielo es azul, la tierra blanca, adaptada posteriormente al cine con gran éxito y hasta el momento, única novela suya traducida al español.

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