domingo, 8 de noviembre de 2009

MI LIBRO DEL MES DE... NOVIEMBRE



TÍTULO: Ácido sulfúrico
AUTORA: Amélie Nothomb
EDITORIAL: Anagrama (2007)

EL ARGUMENTO EN POCAS LÍNEAS...
El último grito en programas televisivos de entretenimiento se llama “Concentración”. Un equipo de televisión hace una redada por las calles de París para reclutar a los participantes de este reality show, escogiendo aleatoriamente entre la población. Los participantes serán trasladados al plató en vagones precintados, como los que transportaban a los judíos durante la época del exterminio nazi, y serán internados en un campo en el que otros concursantes desempeñan el papel de kapos (guardianes). Bajo la estricta vigilancia de la cámara de televisión los prisioneros serán golpeados y humillados de cualquier modo ya que todo es válido mientras suban los niveles de audiencia. El momento más esperado llega cuando, cada semana, los telespectadores pueden participar en el concurso gracias al televoto: sin moverse de sus casas pueden eliminar (ejecutándolo) a uno de los participantes del show. Cuando la audiencia tiene que votar, se arma un estrepitoso revuelo mediático, pero aunque los telespectadores protestan, todos votan, y sale a la luz el sadismo hipócrita e inconsciente del público que deplora el horror pero es incapaz de perderse una entrega. 
Una violenta sátira de la telerrealidad, el voyeurismo, la ignominia, la (fácil) buena conciencia, la denuncia moralizante. Una historia que sirve como crítica de un mundo brutal y crudo, de hipocresía biempensante, donde el individuo ha perdido toda libertad de acción porque de cualquier cosa se puede obtener un beneficio. Un mundo en el que incluso la denuncia del sistema pertenece al sistema. A través de estas páginas terribles nos llega la metáfora de una sociedad en la que el sufrimiento se convierte en espectáculo.

EL LIBRO COMIENZA ASÍ...
(...) Llegó el momento en que el sufrimiento de los demás ya no les bastó: tuvieron que convertirlo en espectáculo.
No era necesaria ninguna cualificación para ser detenido. Las redadas se producían en cualquier lugar: se llevaban a todo el mundo sin derogación posible. El único criterio era ser humano.
Aquella mañana, Pannonique había salido a pasear por el Jardín Botánico. Los organizadores llegaron y peinaron minuciosamente el parque. De pronto, la joven se encontró dentro de un camión. 
Eso ocurrió antes del primer programa: la gente todavía no sabía qué les iba a ocurrir. Se indignaban. En la estación, les amontonaron en vagones de ganado. Pannonique vio que les estaban filmando: varias cámaras los escoltaban, sin perder ni el más mínimo detalle de su angustia.
Entonces comprendió que rebelarse no sólo no serviría de nada sino que resultaría telegénico. Así pues, durante todo el viaje se mantuvo fría e inmóvil como el mármol. A su alrededor, lloraban niños, gruñían adultos y se sofocaban ancianos.
Los desembarcaron en un campo parecido a los no tan lejanos campos de deportación nazis, con una diferencia nada baladí: habían instalado cámaras por todas partes.
Para ser organizador tampoco era necesaria ninguna cualificación. Los jefes hacían desfilar a los candidatos y seleccionaban a aquellos que tenían “un rostro más significativo”. Luego había que responder a cuestionarios de actitud.
Zdena, que en su vida había aprobado un examen, fue admitida. Experimentó un inmenso orgullo En adelante, podría decir que trabajaba en televisión. Con vente años, sin estudios, un primer empleo: finalmente su círculo íntimo iba a dejar de burlarse de ella.
Le explicaron los principios del programa. Los responsables le preguntaron si le resultaban chocantes.
-No. Es fuerte -respondió ella.
Pensativo, el cazatalentos le dijo que se trataba exactamente de eso.
-Es lo que la gente quiere -añadió-. El cuento y el tongo se han acabado.
Superó otros tests en los que demostró que era capaz de golpear a desconocidos, de vociferar insultos gratuitos, de imponer su autoridad, de no dejarse conmover por las lamentaciones.
-Lo que cuenta es el respeto del público -dijo uno de los responsables-. Ningún espectador se merece nuestro desprecio.
Zdena asintió.
Le atribuyeron el grado de kapo.
-Te llamaremos kapo Zdena -le dijeron.
El término militar le gustó.
-Menuda pinta, kapo Zdena - le lanzó a su propio reflejo en el espejo.
Ni siquiera se dio cuenta de que ya estaba siendo filmada (...).

ALGUNAS CRÍTICAS SOBRE EL  LIBRO...
“Una de las misiones de las novelas consiste en anticipar el fin del mundo... La ficción nos ayuda a comprender la realidad que nos rodea, sobre todo cuando ésta es aterradora”. (Frédéric Beigeer, Lire).

“Una denuncia feroz del insaciable mundo del consumo televisivo y del todo vale. De cómo alguns someten al ser huamno a indignidades impensables... Quizá sea la más necesaria de sus novelas”. (Jesús Aguado, El País).

“(...) Hacer de la muerte un espectáculo es el argumento central de Ácido sulfúrico, de la escritora francesa Amelie Nothomb (Anticrista, Metafísica de los tubos), que se caracteriza por una prosa limpia y una progresión estructural bien construida. ¿Puedes convertirte en asesino sólo mirando tu pantalla? Puedes, según Nothomb. Ácido Sulfúrico se construye en torno al rapto de un grupo de personas en las calles de París para formar parte del reality show "Concentración" como prisioneros, situación desde un comienzo delirante y que juega con la enciclopedia de todo individuo que pueda llamarse parte de este mundo invadido por información que ni siquiera ha aceptado, pedido o racionalizado. La situación es extrema: están los prisioneros y los kapos, el espectáculo se sostiene en la muerte de los prisioneros, guiada por los kapos y dictaminada por el público. El público elige, vota, y se hace su voluntad. El hambre, las torturas, las cámaras encuentran su contrapeso en la figura de CKZ-114, única prisionera representante de la resistencia y esperanza para el grupo, quien manipula la atracción que por ella siente la kapo Zdena. Pero sin duda el gran personaje es el público que consume esta telebasura en un asentimiento vergonzante; el programa logra una audiencia absoluta con el dictamen de la ejecución de CKZ-114. En esas miradas expectantes se conjuga la maldad y el morbo de la culpa pasiva que corroe, extremando a través de la sátira las responsabilidades de los individuos como agentes de una cultura.
La novela muestra una crítica descarnada hacia la sociedad de masas en sus versiones institucionales, y también hacia el individuo que se escuda y se identifica con esta mancha, este virus borreguil que se extasía detrás de la pantalla, su cuarta pared privada, oculta, donde comete los crímenes más atroces desde el anonimato (...)”. ( -Sobre libros, Revista de Crítica Literaria).

SOBRE LA AUTORA...
Aunque en su momento ya incluimos una completa reseña biográfica sobre la autora en la entrada dedicada a Ni de Eva ni de Adán, exponemos aquí un breve resumen con los datos más relevantes de esta carismática escritora.
Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, ciudad en la que reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y en Japón, donde su padre fue embajador. Amélie Nothomb habla japonés y ha trabajado como intérprete en Tokio. Desde su primera novela, Higiene del asesino, se ha convertido en una de las autoras francesas más populares y con mayor proyección internacional. Anagrama ha publicado Estupor y temblores (Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet, otorgado por primera vez por los lectores internautas), Metafísica de los tubos, El sabotaje amoroso, Cosmética del enemigo, Diccionario de nombres propios, Antichrista, Biografía del hambre y Ácido sulfúrico. En especial, el enorme éxito de Estupor y temblores “supone el reconocimiento, no sólo de la crítica sino también del público, de una autora que desde hace tiempo lo merece por la creación de un mundo propio, rico y singular” (Flavia Company, El Periódico).

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